Una fotografía casual que sacó días atrás una turista en el Alcázar generó un verdadero revuelo por una «aparición» que reavivó la historia de traición, amor y guerra del último líder huarpe que se resistió a la conquista española.
Por: Mirian Wlter Tiempor de SJ

Con la muerte de Huazihul se quebró la resistencia indígena en San Juan, pero su figura se negó a desaparecer de la memoria colectiva. Su cuerpo quedó insepulto mientras su gente huía por los vericuetos del cerro, y desde entonces se dice que su espíritu gime entre las páginas de la historia como una protesta por la extinción de su estirpe. Los lugareños advierten que cuando un extraño viola las soledades del Alcázar, se escuchan ruidos extraños, especialmente al atardecer, cuando el sol se oculta mirando hacia el Aconcagua.
El misterio alcanza su punto máximo durante las noches de plenilunio. Según cuentan, cuando la luz de la luna ilumina las torres naturales del cerro, es posible distinguir en la cima la silueta de un jinete sobre un caballo blanco, casi alado, llevando tras de sí a la mujer española. Es el alma en pena de Huazihul, que regresa eternamente por su cuerpo y se pierde en las inmensidades de su castillo encantado, esfumándose como una nube barrida por el viento en un relato que parece extraído de «Las mil y una noches». La reciente fotografía de la turista no hace más que confirmar que, en Calingasta, el secreto de Huazihul sigue más vivo que nunca entre las sombras del Alcázar.

