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Una leyenda, un cerro famoso y la fantasmagórica aparición del cacique Huazihul que pone la piel de gallina en Calingasta

Una fotografía casual que sacó días atrás una turista en el Alcázar generó un verdadero revuelo por una «aparición» que reavivó la historia de traición, amor y guerra del último líder huarpe que se resistió a la conquista española.

Por: Mirian Wlter Tiempor de SJ

La foto que compartió una lectora con TIEMPO DE SAN JUAN muestra la inquietante imagen que forman las rocas del cerro Alcázar en Calingasta (Gentileza: Viviana Pastor).
Esta aparición casi fantasmagórica, a la que tuvo acceso TIEMPO DE SAN JUAN, evoca al instante una leyenda documentada por el escritor César Guerrero, contada en el sitio Destino San Juan, que sitúa al Cerro Alcázar como el último refugio de la resistencia huarpe.
Ante la superioridad en armas y hombres de los invasores, Huazihul emprendió la retirada hacia su guarida en el Alcázar, pero no lo hizo solo. En un acto de audacia, alzó en pleno vuelo a una hermosa mujer española que, fascinada por la estampa del guerrero o simplemente descuidada por la novedad del malón, se dejó llevar en sus brazos. Salinas de Heredia, quien deseaba medirse personalmente con el temido jefe indio, inició una persecución implacable hasta las montañas, buscando rescatar a la codiciada presa que Huazihul intentaba esconder en su fortaleza natural.Al llegar a la quebrada, el capitán español quedó maravillado y exclamó: «¡un alcázar!», porque la formación rocosa le recordó a las fortalezas árabes de su patria, como la de Toledo. La paz del lugar se rompió cuando una flecha, disparada con puntería certera por Huazihul desde lo alto, impactó en el pecho de Salinas, quien salvó su vida únicamente gracias a la malla metálica que protegía su torso. El encuentro final fue brutal; el cacique bajó al llano y, tras lanzar un alarido salvaje, destrozó el escudo del cristiano de un solo mazazo. No obstante, la hoja de Toledo del capitán fue más rápida y abrió una herida mortal en el pecho desnudo del último amta huarpe, quien cayó para siempre ante el asombro de su tribu.

Con la muerte de Huazihul se quebró la resistencia indígena en San Juan, pero su figura se negó a desaparecer de la memoria colectiva. Su cuerpo quedó insepulto mientras su gente huía por los vericuetos del cerro, y desde entonces se dice que su espíritu gime entre las páginas de la historia como una protesta por la extinción de su estirpe. Los lugareños advierten que cuando un extraño viola las soledades del Alcázar, se escuchan ruidos extraños, especialmente al atardecer, cuando el sol se oculta mirando hacia el Aconcagua.

El misterio alcanza su punto máximo durante las noches de plenilunio. Según cuentan, cuando la luz de la luna ilumina las torres naturales del cerro, es posible distinguir en la cima la silueta de un jinete sobre un caballo blanco, casi alado, llevando tras de sí a la mujer española. Es el alma en pena de Huazihul, que regresa eternamente por su cuerpo y se pierde en las inmensidades de su castillo encantado, esfumándose como una nube barrida por el viento en un relato que parece extraído de «Las mil y una noches». La reciente fotografía de la turista no hace más que confirmar que, en Calingasta, el secreto de Huazihul sigue más vivo que nunca entre las sombras del Alcázar.

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