El proyecto comenzará en Barreal y apunta a que nuevas herramientas permitan cambiar una práctica clave para la producción del departamento.

En la cordillera de Calingasta, este año las nevadas extraordinarias obligan a mirar el agua desde dos lugares muy distintos. Por un lado, y como hace años no ocurría, se espera un fuerte aumento de caudales durante el verano. Por el otro, que este súper Niño no durará para siempre y es probable que en años posteriores vuelva la sequía a San Juan. Por eso desde una minera calingastina tienen un plan con la comunidad para cuidar el agua.
El proyecto es de la minera Los Azules, de McEwen Cooper, que planea comenzar con una tarea por etapas. La primera es avanzar con los jóvenes en una unidad tecnológica en el Colegio Agrotécnico de Barreal, en convenio con la Universidad Católica y el seguimiento del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Después ir directamente al trabajo con los productores de Calingasta.
En ese punto es donde Los Azules decidió poner en marcha un proyecto de gestión eficiente del agua que, según explicó Facundo Vita, jefe de Relaciones Comunitarias de la empresa, busca trabajar primero con los jóvenes y después directamente con los productores de Calingasta.

“Estamos iniciando este año un proyecto muy ambicioso sobre gestión eficiente del agua en Calingasta, que va a tener mucho impacto incluso en toda la provincia”, dijo Facundo Vitta, jefe de Relaciones Comunitarias de la minera. “Hoy estamos viendo muchísima nieve, pero la realidad es que, si uno analiza los últimos 100 años de los ríos de la provincia de San Juan y de Los Andes centrales, hay una disminución progresiva de la cantidad de agua en nuestros ríos. Hemos transitado años de mucha escasez y necesitamos hacer una gestión eficiente del recurso hídrico”, indicó.
Del aula a las fincas

El primer paso apunta a crear una unidad tecnológica de riego en el Colegio Agrotécnico Jesús de la Buena Esperanza, en Barreal. La idea es que allí los estudiantes puedan aprender cómo funcionan distintas tecnologías de riego y que ese espacio también sirva para que los productores conozcan, vean y prueben las alternativas disponibles.
Después vendrá una segunda etapa: trabajar directamente con los productores para ayudarlos a incorporar tecnología en sus propias fincas. Uno de los puntos que Vita remarcó durante la entrevista es que el objetivo no es simplemente colocar equipos de riego y dejarlos funcionando.
El proyecto contempla un acompañamiento junto al INTA, con la intención de que los productores puedan utilizar correctamente las herramientas y medir si efectivamente están logrando ahorrar agua.
La apuesta es que una mejor utilización del recurso permita también aprovechar mejor el agua que cada productor ya tiene disponible e incluso evaluar la posibilidad de ampliar la superficie cultivada, siempre que las condiciones productivas y económicas lo permitan.
Los canales de riego

Para Los Azules, el desafío no pasa solamente por llevar una tecnología determinada a una finca, sino por conseguir que esa tecnología sea útil en el día a día. Después, con una tercera etapa, ya trabajar con productores que compartan agua del mismo canal para mejorar esa infraestructura de distribución y que el productor pueda contar con el agua cuando su cultivo lo requiera. “Hay muy pocos productores que tienen tecnología de riego en Calingasta”, dijo el experto.
La idea, explicó, es avanzar hacia una mirada más completa: mejorar la infraestructura, distribuir mejor el agua y hacer que llegue cuando el cultivo realmente la necesita.
La iniciativa aparece en un contexto particular para San Juan. Durante el recorrido realizado por Tiempo de San Juan en la huella minera que está despejando de nieve Los Azules, la cordillera mostró una acumulación extraordinaria. En algunos sectores del camino de acceso, las máquinas deben remover varios metros de nieve para poder avanzar y tardaran dos meses más de lo habitual para poder llegar al campamento ubicado a unos 97 kilómetros de Calingasta.
Ramiro Cascón, jefe de Soluciones Hídricas de Los Azules, explicó durante esa visita que el crecimiento importante de los caudales comenzaría hacia fines de octubre y noviembre, mientras que los mayores valores se esperan para diciembre y enero, dependiendo de las temperaturas de la cordillera.
Pero para Vitta, el problema no termina cuando llega el agua. Al contrario: es justamente allí cuando empieza otro desafío: que tanto en épocas de escasez como de abundancia el recurso hídrico debe aprovecharse con mayor eficiencia.
Fuene: Tiempo SJ