Adolfo Ibaceta recordó el desastre ocurrido en noviembre de 2005 y advirtió sobre la necesidad de controlar la laguna que aún permanece en la cordillera y otros sectores de difícil acceso.

Estudios científicos realizados después del episodio coinciden en la importancia del monitoreo hidrológico y satelital ante este tipo de fenómenos.
La importante acumulación de nieve registrada este invierno en la cordillera sanjuanina vuelve a poner bajo la mirada los ríos y quebradas de alta montaña de Calingasta. En ese contexto, un episodio ocurrido hace casi 21 años reaparece como uno de los principales antecedentes naturales que dejó profundas consecuencias en el departamento: el aluvión provocado por el colapso parcial de una presa natural sobre el río Santa Cruz, el 12 de noviembre de 2005.

Adolfo Ibaceta, presidente de la Cámara de Servicios Mineros de Calingasta (CASEMICA), recordó aquel acontecimiento y planteó la necesidad de mantener un seguimiento de la zona, especialmente ante las condiciones actuales de la cordillera.
Una montaña bloqueó el río y formó una laguna
El relato coincide en sus aspectos centrales con las investigaciones científicas realizadas posteriormente.
Un estudio de las investigadoras Laura Perucca y Yanina Esper, publicado en 2009 por la Revista de la Asociación Geológica Argentina, determinó que durante 2005 un gran deslizamiento de rocas y detritos proveniente de la ladera occidental de la Cordillera de Santa Cruz bloqueó el valle del río Santa Cruz.
El material funcionó como una enorme presa natural y detrás de ella comenzó a acumularse el agua, dando origen a un lago de considerable volumen.
El 12 de noviembre de 2005, probablemente como consecuencia de la presión ejercida por el agua, se produjo el colapso parcial del dique natural.

La precisión es importante: no desapareció completamente la presa ni se descargó necesariamente toda el agua acumulada. El estudio científico describe expresamente una rotura parcial que produjo un violento aluvión aguas abajo.
El aluvión atravesó Calingasta y llegó hasta Ullum
La creciente descendió por el sistema hídrico de Calingasta y terminó alcanzando el río San Juan.
Las reconstrucciones periodísticas realizadas posteriormente describen un episodio de enorme magnitud: fueron afectadas viviendas, cultivos, caminos, puentes y tomas de agua, mientras unas 250 personas debieron ser evacuadas.
Uno de los impactos más importantes ocurrió en las obras del entonces Dique Caracoles, que se encontraba en construcción. Allí el agua destruyó la ataguía de contención, inundó sectores de obra y arrastró maquinarias, casillas y caminos de acceso.
El fenómeno continuó posteriormente hasta el embalse de Ullum.
Pese a la violencia y extensión del desastre, no se registraron víctimas fatales.

Una expedición a caballo para llegar hasta la laguna
Ibaceta recordó además que, luego del episodio, se organizó una comisión para intentar llegar hasta la zona de la laguna, en un sector de muy difícil acceso de la alta cordillera.
Según su testimonio, el grupo estuvo integrado por personal de Gendarmería y conocedores de la montaña, entre ellos Pancho Villarruel, Jorge Castillo, Ramón Osa y Jorge Trigo, además del propio Ibaceta.
La travesía debió realizarse a caballo y, siempre de acuerdo con su relato, las condiciones geográficas obligaron al grupo a realizar parte del recorrido por territorio chileno para posteriormente regresar al sector argentino y acceder a las nacientes del río Santa Cruz.
Ibaceta recordó también que la creciente provocó la pérdida de vehículos en la cordillera, entre ellos camionetas pertenecientes a pobladores de la zona, algunas de las cuales, según sostuvo, nunca fueron recuperadas.
Estos detalles corresponden al testimonio de quienes participaron de aquella experiencia y forman parte de la memoria local del desastre.
Los científicos recomendaron monitorear la zona
Pero el planteo de Ibaceta sobre la necesidad de vigilar la laguna tiene un antecedente científico particularmente importante.
El trabajo publicado por Perucca y Esper concluyó que, debido a la ubicación remota y prácticamente inaccesible del lugar, las medidas preventivas más adecuadas incluían sistemas de alerta temprana aguas abajo, monitoreo hidrológico de la presa natural y seguimiento periódico mediante imágenes satelitales.
Años después, en 2010, autoridades de Hidráulica informaron que la laguna era observada mediante imágenes satelitales de la CONAE y que, en aquel momento, contenía un volumen de agua considerablemente menor al existente antes del desastre de 2005, por lo que no representaba entonces un riesgo comparable.
La existencia de la laguna continuó siendo tema de análisis. Incluso en 2021, durante la fuerte crisis hídrica provincial, productores propusieron estudiar la posibilidad de utilizar parte del agua acumulada en Los Erizos, iniciativa frente a la cual Hidráulica señaló que previamente debían realizarse estudios técnicos y ambientales.
Ibaceta pide volver a mirar hacia la cordillera
En el escenario actual, el presidente de CASEMICA sostiene que el seguimiento no debería limitarse únicamente a la laguna del río Santa Cruz.
Su preocupación alcanza también sectores del río Los Patos y sus afluentes que resultan extremadamente difíciles de recorrer por tierra.
“Hay que tener un monitoreo de toda la zona”, planteó Ibaceta, quien considera que determinados sectores deberían inspeccionarse incluso mediante helicópteros ante la dificultad de ingresar actualmente por los caminos de montaña.
Su preocupación apunta a la posibilidad de que avalanchas o movimientos de material puedan eventualmente bloquear cursos de agua y generar nuevos represamientos naturales.

Un invierno que obliga a reforzar la prevención
El planteo aparece en un momento particular para Calingasta. Las importantes nevadas de este invierno generaron expectativas después de años de sequía, pero también preocupación por el comportamiento que tendrán los ríos cuando comience el deshielo.
Durante agosto, referentes de la Junta de Riego de Calingasta ya advirtieron sobre la necesidad de preparar tomas y canales ante un posible incremento considerable de los caudales.
El Gobierno provincial también conformó el Comité Provincial de Respuesta ante Emergencias (COPRE), mientras que el Departamento de Hidráulica comenzó a intervenir preventivamente distintos cauces.
Este viernes 28 de agosto, precisamente, Hidráulica informó que intensificó los trabajos de encauzamiento y refuerzo de márgenes sobre el río Los Patos, en Calingasta, con el objetivo de mejorar la capacidad de conducción ante los mayores caudales previstos para los próximos meses.
La historia del río Santa Cruz demuestra por qué la prevención adquiere particular importancia en un territorio cordillerano.
Hace casi 21 años, un deslizamiento natural bloqueó un río, creó una laguna y posteriormente desencadenó uno de los episodios aluvionales más importantes registrados en San Juan.
Hoy, con una cordillera nuevamente cargada de nieve, aquel episodio vuelve a dejar una enseñanza: en la montaña, conocer lo que ocurre aguas arriba puede ser determinante para proteger a quienes viven aguas abajo.
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