Las nevadas volvieron a poner a prueba la cordillera: ¿qué exige sostener una respuesta sanitaria en alta montaña?

En cada proyecto minero, la respuesta sanitaria comienza mucho antes de que ocurra una emergencia.

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Es el resultado de una ingeniería sanitaria diseñada para entornos de alto riesgo, que integra inteligencia médica, infraestructura adaptada, continuidad operativa y talento local para responder donde la ciudad no llega.

Cuando se piensa en la atención de la salud en una operación minera de alta montaña, la primera imagen que aparece suele ser la de una ambulancia o un profesional asistiendo a un paciente. Esa es apenas la parte visible. Ese sistema integra formación específica, protocolos, logística, tecnología y una red de personas entrenadas que trabajan de manera coordinada para sostener la operación en un entorno de alta complejidad.

Ese sistema se construye con capacitación permanente, coordinación entre distintos roles y decisiones que muchas veces se toman horas o días antes de que ocurra una emergencia.

La preparación anticipada es el primer paso

La respuesta no depende de un único recurso. Depende de la suma de capacidades entrenadas para funcionar como sistema, incluso cuando el territorio impone condiciones exigentes. La inteligencia médica permite interpretar cada escenario; la infraestructura adaptada asegura que los recursos respondan en condiciones extremas; y la planificación hace posible sostener la continuidad operativa aun cuando el entorno cambia.

Desde su experiencia como referente médico en operaciones en alta montaña Benjamín Alzamora Ramos señala que la medicina practicada en altura presenta desafíos muy diferentes a los que se encuentran al nivel del mar. La hipoxia, las bajas temperaturas y las condiciones climáticas extremas favorecen la aparición de patologías específicas, como el mal agudo de montaña, el edema pulmonar y el edema cerebral de altura, además de hipotermia y lesiones por exposición al frío.

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“Estas afecciones forman parte de las consultas más frecuentes que atiende elequipo y demandan una preparación especializada, basada tanto en la evidencia científica como en la experiencia adquirida en el terreno.“

Por eso, muchos médicos y enfermeros que trabajan en operaciones mineras complementan su formación con conocimientos específicos vinculados a la atención prehospitalaria, la medicina en ambientes remotos y el manejo de pacientes en altura. “No reemplaza la formación tradicional: la amplía para un contexto diferente.” explica el doctor Alzamora Ramos quien se desempeña en el equipo de Emergencias en Iglesia, coordinando la respuesta sanitaria de la operación.

La preparación puertas adentro

La altura, el esfuerzo físico, la distancia respecto de los centros de mayor complejidad forman parte de un contexto que exige una lectura distinta de cada situación.

“Normalmente lo que ocurre es que se cierra el camino, contamos con una ambulancia con oruga que en ese sentido nos puede ayudar bastante como para solventar las limitaciones del clima y poder llevar a cabo o realizar un traslado exitosamente.” comenta el doctor Alzamora Ramos.

La infraestructura también forma parte de la respuesta sanitaria: vehículos especialmente preparados, sistemas de comunicación y equipamiento diseñado para operar en condiciones extremas permiten sostener la atención cuando el clima modifica el escenario.

El trabajo que sostiene al equipo

Cuando se habla de una emergencia, suele pensarse únicamente en el paciente. Pero una operación sanitaria también depende de que el propio equipo pueda seguir trabajando de forma segura: el control del equipamiento, la organización de los insumos, la conservación de materiales sensibles a bajas temperaturas y la coordinación permanente entre roles.

“En lo que respecta a enfermería, siempre le digo a los chicos cuando entran al equipo que la montaña se aprende en la montaña, no hay otro lugar donde nosotros podamos diferenciar estas cosas” explica Anahí Angel Caballero Garay quien se desempeña como referente de enfermería en la operación de Iglesia que mantiene Emergencias.

La enfermería enfrenta ahí desafíos que no suelen aparecer en otros ámbitos asistenciales: la altura modifica la respuesta fisiológica de las personas, el frío condiciona materiales y tiempos, las distancias obligan a prever lo que en una ciudad se resolvería de otra manera. La experiencia, en este contexto, no es solo haber atendido a muchos pacientes: es haber aprendido a adaptar cada intervención al entorno.

En este sentido, Anahí enfatiza en otro desafío que también constituye una clave para el éxito de la operación “es muy importante, lo que siempre destacamos, la dinámica de grupo, que sería convivir con otras personas durante doce horas catorce días, que son los roster con normalidad y estar alejados de la familia también influye mucho. La montaña no es para cualquiera, muchos compañeros se bajaron antes de cumplir la primera semana.”

Anahí forma parte del equipo de atención de Emergencias desde hace tres años. En la operación se encarga de sostener el cuidado directo del paciente y del equipo en las condiciones más exigentes.

El camino no solo se recorre

En la montaña, llegar hasta un paciente también forma parte de la atención. Las condiciones de un camino pueden cambiar en una misma jornada, y eso obliga a evaluar constantemente cuál es la alternativa más segura para avanzar. La experiencia de quienes conocen estos recorridos es parte del talento local que fortalece la operación. No se trata solo de conducir, sino de interpretar el territorio y tomar decisiones que sostienen la capacidad de respuesta.

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