La acumulación de nieve en la cordillera abre una oportunidad después de años de sequía, pero también obliga a mirar el verano con otra lógica.
Por: Miguel Martin Minería y Desarrollo

Calingasta aparece como el punto más sensible por sus tomas, canales, defensas y puentes; Iglesia suma una extensa red de riego, cauces de montaña y antecedentes recientes de crecientes que ya dañaron accesos. El Comité de Crisis anunciado por el Gobierno tendrá sentido si transforma la alerta en obras, monitoreo y decisiones antes que el deshielo llegue.
Hay una precisión necesaria para entender dónde puede aparecer el problema. Barreal y Tamberías no están sobre el río San Juan propiamente dicho: el curso central del valle es el río de Los Patos, que más al norte recibe al Castaño y recién entonces forma el San Juan. Iglesia pertenece a otro sistema: el río Blanco y los arroyos que atraviesan el departamento alimentan el embalse Cuesta del Viento y dan origen al río Jáchal. Son dos cuencas distintas, pero comparten el mismo desafío: una cordillera cargada de nieve y una infraestructura que deberá absorber caudales mayores a los acostumbrados en los últimos años.
La nieve acumulada tampoco puede traducirse hoy de manera automática en metros cúbicos por segundo. La magnitud final dependerá de las temperaturas, el viento, la sublimación, las lluvias de primavera y, sobre todo, de la velocidad con que se produzca el deshielo.
Un derretimiento gradual puede ser administrable. Una suba brusca de temperatura, combinada con lluvias, puede concentrar en pocos días un volumen de agua capaz de erosionar márgenes, socavar puentes, modificar cauces y desbordar tomas y canales.
Las obras expuestas
En Calingasta, el primer frente que las autoridades, regantes, con el apoyo de empresas mineras, deben seguir de cerca son las 13 tomas directas que alimentan la red de riego y que la Junta de Riego describió como precarias.
Una creciente puede socavar una toma, desplazar el cauce, colmatarla con sedimentos o dejarla fuera de servicio.
El riesgo se extiende a una red de más de 200 kilómetros de canales, gran parte sin impermeabilizar, donde los puntos críticos son los cruces con bajadas de agua, compuertas, desarenadores y tramos pegados a los ríos.
Los puentes forman el segundo frente.
En Sorocayense y Villa Calingasta ya se advirtió erosión de márgenes. El puente sobre Los Patos en Villa Calingasta, una estructura antigua que este año fue objeto de estudios de capacidad resistente, merece seguimiento específico de fundaciones, estribos y socavación.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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